Mediación socioambiental

 

El conflicto como herramienta creativa

El conflicto es una parte esencial de las relaciones humanas, tanto individuales como grupales, ya que representa el tratamiento de las diferencias de interés y los desacuerdos. Se trata, por tanto, de una cuestión vital, que impregna todas las relaciones sociales. Los conflictos han sido objeto de estudio e intervención desde que comenzó la presencia humana sobre el planeta, y forman parte de la realidad de las interacciones entre países, religiones, territorios, géneros, culturas o cualquier otro grupo social. Una de sus principales características es que se manifiesta generalmente de forma negativa, incluso violenta, a veces causando grandes pérdidas humanas y materiales (guerras, ocupaciones, revueltas, luchas por los recursos naturales, etc.). No obstante, el conflicto se da también en situaciones mucho más cotidianas y menos agresivas, incluso puede expresarse como una fuerza creativa, que nos ayuda a superar obstáculos, a movilizar nuevas alianzas o a abordar un problema desde un punto de vista diferente.

Un enfoque activo desde la mediación y la participación

La fundación entretantos viene trabajando en los últimos años sobre un cierto tipo de conflictos que se originan en torno a la gobernanza y la gestión de los recursos naturales, especialmente en el medio rural y en su conexión con la ciudad. Se trata, como decíamos, de conflictos ordinarios, de baja intensidad, relacionados con la actividad agraria, el medio natural y las poblaciones rurales, pero que, a pesar de su trivialidad, pueden acarrear consecuencias de gran alcance. Las comunidades y personas que los sufren pueden perder recursos, desaprovechar oportunidades, empeorar su calidad de vida e incluso verse impulsados a la emigración o el abandono, enfrentándose a una serie de retos que cuestionan  sus perspectivas de futuro. Además, estos conflictos se desarrollan también en torno a problemas muy graves, como el cambio climático, el acceso al agua y la tierra, la degradación del suelo o la interacción con la fauna silvestre.  En estos casos, los conflictos alimentan la inacción y acentúan los riesgos y las consecuencias, hasta el punto que muchas veces no se sabe qué causa más daño, si el propio problema o el conflicto que se desarrolla a su alrededor.
Y a pesar de que hay avances e iniciativas prometedoras, la realidad es que necesitamos disponer de herramientas eficaces que nos permitan enfrentar de forma positiva este tipo de situaciones y contribuir, si no a su solución, al menos a su encauzamiento. Lo necesitamos porque nos enfrentamos a una crisis sistémica en relación con la gobernanza del medio rural y sus recursos. El proceso de concentración en las ciudades, el abandono de las actividades tradicionales, la industrialización de la agricultura, el cambio climático o la pérdida de servicios y políticas de apoyo están expulsando a las personas del medio rural. Toda la sociedad sufre esta situación, que genera pérdidas no sólo en términos sociales y económicos, sino también abriendo un enorme agujero en nuestras relaciones con la propia naturaleza.

Los conflictos, en esta situación, interfieren con la búsqueda de soluciones compartidas, entorpecen la gobernanza y generan un malestar que contribuye al bloqueo y el estancamiento. Además, estos conflictos a veces escalan y llegan a aparecer como grandes enfrentamientos entre agricultores y ecologistas, entre gente del campo y gente de la ciudad, entre la administración y sus administrados, planteando barreras complicadas de sortear en el difícil camino hacia ese desarrollo sostenible con el que soñamos.

Tratar los conflictos antes de abordar los problemas

En entretantos intentamos poner en funcionamiento estas herramientas. Es más, estamos firmemente convencidos de que estos conflictos sobre la gestión de bienes públicos y espacios comunes se pueden afrontar de forma colaborativa, aunque tengamos intereses diferentes. El reto está en tratar primero el conflicto, reducirlo, solucionarlo en la medida de lo posible, conseguir que las partes enfrentadas hablen y negocien para después abordar, desde una perspectiva de acuerdo (aunque sea temporal y posibilista) la solución del problema original.
Resulta extraño que, a pesar del gran número de investigaciones y escuelas dedicadas al tratamiento de conflictos, no existan guías o directrices claras sobre cómo aproximarse a este tipo de situaciones, cómo trabajar con las partes, cómo ejercer la mediación o cómo avanzar hacia soluciones satisfactorias. Ante esta situación, desde la fundación, nos hemos decidido a dar un primer paso hacia una propuesta sólida de estrategias de mediación y tratamiento de conflictos que funcionen en estos casos. Así estamos recopilando lo poco o mucho que hemos aprendido en los últimos años de trabajo, analizando, de forma detallada, la literatura científica y las propuestas de otros grupos y entidades. También estamos organizando nuestra caja de herramientas, para tratar de ofrecer un apoyo sólido, desde una perspectiva eminentemente práctica, pero bien fundamentada, para aquellos equipos interesados en formarse y trabajar sobre este tipo de conflictos.

Se trata de una labor ardua y que vamos a hacer paso a paso, comenzando ahora en este principio de 2021, a través de varias publicaciones técnicas y divulgativas y también del desarrollo de actividades formativas, encuentros y otras propuestas de investigación y acción.

Un marco conceptual que ayuda a enfocar la tarea

El primer paso consiste en la publicación de este cuaderno, que realiza un análisis conceptual sobre el papel que el conflicto juega en la gestión de estos territorios. El enfoque de esta publicación, riguroso pero no árido, ofrece un marco global, cuidadosamente referenciado, que apunta hacia la adopción de una perspectiva comunitaria fresca y empática en el tratamiento de estos conflictos. La idea básica consiste en aminorar estos conflictos y reorientarlos para aprovechar, de manera inequívoca, todo su potencial creativo e innovador como herramienta de gestión. Así, se pretende apoyar a las comunidades rurales para que puedan promover y actualizar aquellos modelos de gestión del territorio y los recursos que realmente contribuyan a su sostenibilidad en el tiempo, así como a la provisión de bienes y servicios que benefician a toda la sociedad.

A partir de aquí iremos publicando otros cuadernos, artículos y materiales útiles para el enfoque, diseño y puesta en marcha de procesos de mediación y tratamiento de conflictos socioambientales vinculados a los diferentes proyectos e iniciativas en los que trabaja la fundación entretantos, hasta construir un centro de recursos y una caja de herramientas que pueda ser realmente útil a las personas interesadas en trabajar los conflictos desde esta perspectiva social y participativa.

Coexistencia del lobo con las poblaciones rurales

Un ámbito específico de este trabajo, muy importante por su impacto socioeconómico y por la tensa relación que se establece entre la agricultura y la conservación es la relación entre la fauna silvestre y la agricultura. A consecuencia de nuestro trabajo con ganaderos/as y pastoras/es, y tras observar que la conflictividad social existente en relación al lobo y a la ganadería extensiva era cada vez mayor, en 2016 se abrió un área de trabajo específica para abordar este problema socioambiental.

Se ha estado experimentando a través de técnicas de mediación social para abordar un problema que va más allá del lobo y que se hace visible en la diversidad de miradas y modelos que existen en la manera de entender el medio rural, que se hace explícito con enfrentamientos basados en la desconfianza y el desconocimiento del “otro”, y que se alimenta de los discursos más polarizados y excluyentes.

Creemos que desde iniciativas de mediación, y apoyándonos en procesos de investigación social, podemos generar espacios de confianza y respeto entre actores enfrentados y facilitar empatías que ayuden a resolver este conflicto social y generar modelos de trabajo para otros espacios de conflicto ambiental. Fruto de este trabajo existe el Grupo Campo Grande, un grupo formado por representantes de las diferentes posiciones y agentes sociales relevantes en el conflicto, y un documento de acuerdos generado por este grupo.

Este proyecto supone un coste que ha variado entre los 19.000 y los 29.000 euros anuales. Entre 2015 y 2016, este proyecto se financió a partir de aportaciones de Ben Goldsmith y The Ecological Trust, además de trabajo voluntario en la fundación, y en 2017 y 2018 a través de las subvenciones del IRPF.

Las mayores partidas de gasto de este proyecto han sido hasta ahora para el desarrollo de las reuniones Grupo Campo Grande, tanto para viajes y manutención como para la secretaría técnica y dinamización, para actividades de investigación social, y para comunicación y eventos.

Más información sobre el proyecto en www.grupocampogrande.org

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