Bienes comunales o imaginar otras formas de hacer

El pasado 10 de Diciembre tuvo lugar el seminario “Bienes comunales: la gestión de los espacios compartidos”, que organizamos junto al Instituto Universitario de Urbanística de la Universidad de Valladolid.

El Instituto ha querido adentrarse en los retos y oportunidades de la gestión colectiva o participativa de los espacios, tan implicada en su diseño y planificación, y orientada hacia la sostenibilidad de los mismos. Nos propusimos investigar juntas las posibilidades estratégicas de los modelos de gobernanza que nos ofrecen los comunales para organizar las comunidades que los sustentan y su relación con el territorio, ya urbano, ya rural. ¿Cómo afecta esto a a la arquitectura? ¿Y a la ecología?

Gracias a Santiago Álvarez, de FUHEM Ecosocial y de la Revista Papeles, pudimos certificar el uso, el abuso y el desgaste del término. El auge del término de los comunes, tiene que ver en cualquier caso con la creciente privatización del ámbito de lo social. Contra ello, los comunes se presentan como un contrapoder, un mecanismo político para pensar la gestión de lo social de otra manera ante la urgencia del contexto de desposesión de la crisis. Los comunes, siguiendo a Elinor Ostrom, se proponen como herramientas de cooperación ante los problemas de equidad, frente a la lectura de la “tragedia de los comunes” perfilada por Garrett Hardin en 1968. Podríamos decir, recordando a Silvia Federici, tal y como la citó Agustín Hernández Aja, que lo común es, en definitiva, una cuestión de relaciones sociales.

A menudo situados entre lo público y lo privado, los bienes comunales son de difícil definición, ya que no existe una clasificación rígida de la propiedad. De hecho, hay tres elementos en ellos que se redefinen y conjugan: comunes (recursos), comunerxs (sujetos) y comunales (modos de gestión o prácticas). Son comunes tanto la cultura como el oxígeno, si bien la privatización se cuela por cualquier resquicio.

El urbanismo -como ordenamiento de lo colectivo-, dispone de numerosas herramientas que pueden determinar el modelo de los bienes y su gestión: no sólo los niveles de protección del suelo o patrimoniales, también la propia estructura urbana, la división de usos o distribución de equipamientos nos pueden permitir recuperar parte de las plusvalías para la colectividad.

Como señaló nuestra compañera Laura Arroyo, los comunes tradicionales pueden enseñarnos mucho para plantear nuevos municipalismos, propuestas ecofeministas y diálogos entre lo urbano y lo rural; pero también nos plantean vías de mejora, ya que tampoco ellos son puros ni han llegado intactos o “sin mancha”. La vida comunal que generan, su transparencia y rentabilidad, unida a la sostenibilidad y custodia de los territorios que comportan -que nos mostró en primer plano Alipio García-, contrasta con la falta de acceso o participación por cuestiones de género o, incluso, clase, dadas algunas distorsiones de los mismos. Precisamente en esos nuevos modelos de gobernanza del territorio tiene mucho que decir la psicología, dado que el apego que mostramos por dicho territorio, está íntimamente relacionado con nuestra gestión del mismo, tal y como indicó Fátima Regina Cruz Souza, del proyecto de investigación Simwood.

Por su parte, Luis González Reyes, de Ecologistas en Acción, nos abrió la mirada a una perspectiva global sobre la importancia del cuidado de los comunes, especialmente aquellos que posibilitan la vida -como el oxígeno que mencionábamos-. Su lectura nos sitúa en el umbral de un colapso medioambiental que nos obliga a pensar en nuevas estrategias políticas que aseguren el bienestar social frente al auge de la ficción de seguridad de las fuerzas conservadoras.

Por último, Santiago Campos de Gea S Coop, amplió la visión de los comunales, volviendo a su indefinición y estableciendo una comparativa sentre los tradicionales y los nuevos o urbanos. Junto con Arroyo, afirmó que rural y urbano también pueden intercambiar conocimientos e interpretaciones sobre los comunales: una alianza es necesaria en este sentido. ¿Es posible entonces un sistema de organización y reparto de territorio y bienes sostenible y alternativo? ¿Deben ser los comunales anticapitalistas y ecofeministas siempre? Estas y otras muchas cuestiones quedaron sin resolver, quizás para una próxima cita.

Os compartimos aquí la lista de reproducción de los vídeos de las ponencias, por si a nosotras se nos ha escapado algo.

Queremos dar las gracias a Luis Santos y Ganges por su buen hacer, así como al Instituto, a Escuela de Arquitectura y la UVA; a todos los ponentes y participantes. Fue una intensísima jornada que nos permitió formular nuevas preguntas…

¡Seguimos imaginando! ¡Tenemos grandes planes para este año!